Las movilizaciones sociales que han tenido lugar en Hungría a partir de enero de 2012, fecha en la que entró en vigor la Constitución, continúan hasta la actualidad como una clara muestra de su inconformidad, resultado de las reformas emprendidas por el gobierno, las cuales afectan fuertemente sus derechos fundamentales.
La primera manifestación tuvo lugar inmediatamente después de que fue aprobada la Constitución; en ella, miles de ciudadanos se reunieron afuera de la Ópera de Budapest para expresar su descontento por el amplio recorte de la democracia, además de que hicieron alusión a las intenciones del gobierno de asegurar el poder del FIDESZ (Federación de Jóvenes Demócratas y Partido Cívico Húngaro). Asimismo, a lo largo de todo el año 2012, se presentó un gran número de protestas antigubernamentales que exigían la dimisión de Viktor Orbán, así como del gobierno del FIDESZ; teniendo como objetivo principal el establecer una nueva República Húngara y recuperar la estabilidad y el bienestar de la sociedad.
Me parece interesante que la ultraderecha tampoco le brindó su apoyo a la nueva Constitución, y por el contrario también se manifestó en su contra; sin embargo, esto no significa que se diera algún acercamiento con la oposición socialista, por lo que cada facción se manifestó de manera separada y exigiendo modificaciones a las leyes de acuerdo a sus respectivos intereses. Con base en lo anterior, es posible afirmar que la oposición a la nueva ley se encuentra sumamente dividida, debido a que sus demandas varían demasiado entre sí, abarcando la mayoría de las reformas establecidas. Esto representa un importante reto para el gobierno húngaro, ya que el origen de las críticas y demandas proviene de diversas fuentes y demuestra el fuerte rechazo que existe por parte de la mayoría de la sociedad al partido en el poder.
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