La democracia en Hungría se ha visto fuertemente afectada con las enmiendas a la Constitución; esto se debe en gran medida al aumento de la importancia y capacidades del gobierno frente al Parlamento, lo cual ha servido para garantizar su permanencia y consolidar una ideología con tendencia ultraderechista. Asimismo, la figura de Viktor Orbán se ha visto fortalecida en los últimos años, manteniendo de manera firme su carácter conservador e imponiendo su voluntad incluso frente a la Unión Europea y la Corte Constitucional.
La pérdida de facultades por parte de diferentes instituciones como el Banco Central y el Tribunal Constitucional, representa un importante golpe en la democracia de dicho país. Tal pérdida permite que la concentración de poder del grupo dirigente aumente considerablemente, dejando de lado los intereses de todos los ciudadanos. Los límites establecidos a los miembros de la oposición, hacen evidente la violación a dicho principio; sin embargo, resulta interesante analizar el discurso que mantiene Orbán al afirmar que el elemento fundamental de la sociedad húngara, al igual que el de cualquier otro país europeo, es la democracia.
La concentración del poder en Hungría como resultado de las reformas a la Constitución, ha terminado con toda posible expresión democrática en el país, afectando de manera directa su Estado de Derecho.
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